Este texto lo escribí hace algún tiempo, y realmente hoy mismo me discutiría algunas cosas, pero prefiero ponerlo tal y como lo puse por si alguien quiere comentarlo. Así mismo, recomiendo primero leer la anterior entrada que me hizo sacarlo del cajón.

Todo depende de la concepción que cada uno tenga de lo que es España. Algunos creen que el actual Estado español no se corresponde con lo que es o debería ser España, y que de ahí vienen problemas como el independentismo de sus partes. Podemos ver España como una región geográfica que conforma varios pueblos, habitantes de esa región. Esa región se correspondería con la península ibérica, tierras insulares circundantes y algunas zonas ultrapirenaicas. Y es que el criterio para demarcar España es considerarla como el conjunto de territorios poblados por quienes componen lo que sería el pueblo español. Hasta aquí, imagino, todos de acuerdo.
Ahora pasamos a qué territorios son españoles y quiénes, por tanto, son los españoles. Se considera español a cualquiera que sea originario de aquellos territorios que componen el Estado español, pero la cuestión no es tan simple, pues como ya dije, puede ser, y hay quienes lo creen, que el Estado español no se corresponda con España. Si partimos de que España está formada por aquellos pueblos que habitan la península ibérica, la antigua Hispania romana, vemos que el actual Estado español no agrupa la totalidad. Si consideramos a España como el conjunto de esos pueblos, un Estado que no agrupa a todos ellos no puede llamarse Estado español, de ahí que haya quienes, viendo este panorama de incoherencia, hayan llegado a la conclusión de que España es un invento y que cada pueblo que la conforma debe ser independiente, sin más ligamiento con los demás pueblos que los que tendría con cualquier otro país europeo. Si unos pueblos españoles ven que los portugueses, hispanos como los demás, tienen un Estado propio, verán que aquí algo pasa, algo ha fallado, porque ¿qué razón hay para que Galicia o León sean del Estado español y Portugal no? Los hechos consumados podrían ser razón, pero entonces no habría cabida al sentimiento ni a la idea de España como país conjunto, pues los demás pueblos españoles (castellano, gallego, catalán, vasco, leonés…) optarían por el mismo camino que los portugueses, al perder el actual Estado español su razón de ser.
Este problema viene de siglos atrás. Portugal, que nació como parte del antiguo Reino de León, se conformó como Estado por disputas políticas, es decir, por desavenencias con el gobierno de la Corona española, pero a pesar de ello, no han sido pocos los portugueses que se han considerado españoles, ni más ni menos que cualquier hombre al otro lado de la raya. Así vemos cómo Portugal como Estado nace de un accidente histórico, un hecho que bien pudo haber ocurrido en otros pueblos de España, y que además no fue bien tratado por los estadistas de la época. Caso aparte en Portugal es el fomento del sentimiento anticastellano, que se transformó, por extensión, en un sentimiento anti-español, obedeciendo, como tal vez su independencia, a tejemanejes políticos.
Pero el mayor error en que ha caído el Estado español en los últimos siglos ha sido el de producir una concepción de España y de lo español que, lejos de clarificar y allanar el camino hacia la convivencia y hermandad de sus pueblos, ha ayudado a agrandar esa división. A partir de los Decretos de Nueva Planta se inició un camino uniformizador que no hizo sino agravar más la concepción ya herida de España. En su afán por hacer todo igual y justificar su equivocada visión de España, se erradicaron fueros y peculiaridades varias de cada pueblo para hacer un todo único… pero al modelo castellano; se configuró la lengua de uno de los pueblos de España como la ‘lengua española’, otorgándole así el monopolio de la españolidad y excluyendo a las demás lenguas de tal condición, degenerando todo esto en un patriotismo falso, que pretendía castellanizar toda España para auto-justificarse, dando un motivo tras otro a los demás españoles para querer ser independientes como modo in extremis de proteger su cultura frente a una suerte de imperialismo cultural-administrativo castellano. Son lo que llamamos separadores. Para este tema sólo hay que aplicar la sana lógica: si España es un conjunto de pueblos, la lengua española será aquella lengua que hablan dichos pueblos. En nuestro caso se da, para mayor riqueza y cultura, que esos pueblos tienen cada uno su lengua, por tanto, diremos que son lenguas españolas todas aquellas que hablan esos pueblos. Pero no, ese afán uniformizador y destructor de la españolidad afirmó que sólo una de ellas era ‘la lengua española’, y que las demás no eran más que “otras lenguas”… Este tipo de medidas se fueron transformando en lógica y natural antipatía y rencor, que se transformaron, siguiendo el mismo proceso que el portugués, en anti-españolismo. Este es el origen del independentismo, la concepción de España como algo pretendidamente uniforme, idéntico, cuando no es más que un conjunto de pueblos con, como tales, variadas formas de comunicarse, de organizarse, etc. Sin menospreciar tampoco el papel del desigual reparto de la riqueza y la productividad, pues es fácil observar cómo el independentismo surgió, no en las zonas más pobres o deprimidas, sino en los territorios con mejor potencial económico, véase la Cataluña de la industria textil y marítima, la banca e industrias de Vasconia… caso aparte es Galicia, donde no se centralizó la economía marinera.
El problema del independentismo no se solucionará si no se aclara la concepción de España, si no se deja de equiparar Estado español con España, si no se deja de llamar ‘español’ a una sola lengua, discriminando de tal condición a las demás, y si no se deja de mirar a la Historia a través de un velo político. No es lógico que un pueblo se encuentre bajo dos Estados a la vez, por tanto, no es lógico que territorios como el Rosellón (Catalunya Nord) o la Baja Navarra (Nafarroa Beherea) se encuentren bajo un Estado distinto que el del resto de catalanes o navarros, respectivamente. El caso de Gibraltar, colonia no sometida al famoso proceso de descolonización, no creo que merezca aclaración alguna.
“El nombre de ‘España’, que hoy abusivamente aplicamos al reino unido de Castilla, Aragón y Navarra, es un nombre de región, un nombre geográfico, y Portugal es y será tierra española, aunque permanezca independiente por edades infinitas; es más, aunque Dios la desgaje del territorio peninsular, y la haga andar errante, como a Délos, en medio de las olas. No es posible romper los lazos de la historia y de la raza, no vuelven atrás los hechos ni se altera el curso de la civilización por divisiones políticas (siquiera eternamente), ni por voluntades humanas.
Todavía en este siglo ha dicho Almeida-Garret, el poeta portugués por excelencia. <Españoles somos y de españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica>. ‘España y Portugal’ es tan absurdo como si dijéramos ‘España y Catalunya’. A tal extremo nos han traído los que llaman ‘lengua española’ al castellano e incurren en otras aberraciones por el estilo”.
(Menéndez Pelayo)
“Los catalanes, los gallegos y los vascos serían anti-españoles si quisieran imponer su modo de hablar a la gente de Castilla; pero son patriotas cuando aman su lengua y no se avienen a cambiarla por otra. Nosotros comprendemos que a un gallego, a un vasco o a un catalán que no quiera ser español se le llame separatista; pero yo pregunto cómo debe llamársele a un gallego que no quiera ser gallego, a un vasco que no quiera ser vasco, a un catalán que no quiera ser catalán. Estoy seguro de que en Castilla, a estos compatriotas les llaman “buenos españoles”, “modelo de patriotas”, cuando en realidad son traidores a sí mismos y a la tierra que les dio el ser. ¡Estos si que son separatistas!”.
(Castelao)
Algunos enlaces interesantes sobre el tema:
- Iberismo en Wikipedia.
- Mi iberismo, de José Saramago.
- Contra el iberismo: apuntes para una epifanía ibérica, de Rafael Castela Santos.
P.D.: Ni qué decir tiene que todo esto de los Estados-nación o, más bien, las naciones o Estados a secas se encuentran en crisis debido principalmente a la globalización, los movimientos migratorios forzados o los “patriotismos constitucionales” (sic).