Un domingo cualquiera
Publicado por Ruinas Humanas en 3 Marzo, 2008

(Vote aquí, urna oficial)
En ésta, la segunda vez que tendré oportunidad de votar, ejerceré, también por segunda vez, mi derecho a no hacerlo. Y digo “mi derecho” porque hay quien me recrimina que no atienda a mi “deber” como ciudadano de votar. Perdone, pero votar es un derecho, no un deber, por tanto nadie puede exigirme que lo haga.
Otros me dicen que me desentiendo de mi país o que no le doy importancia a la política… Veamos, el hecho de actuar en consecuencia con lo que uno piensa no puede ser desentenderse de su país o del mundo, pues precisamente por la importancia que a ello otorgo, me preocupo de no apoyar que caiga su gestión en manos de aquellos en quien no confío o creo. El hecho de votar a quien no quiero por el hecho de votar sí que sería un acto irresponsable. Tampoco tienen razón, por tanto, quienes dicen eso.
Pero hay más: también me dicen que, si me abstengo, luego no tengo derecho a quejarme si no me gustan las decisiones de quienes salieron elegidos… En todo caso, quienes no tendrían derecho a quejarse serían aquellos que, votando, delegaron en ellos su soberanía de un día para que, en nombre de ella, tomen las decisiones que quieran (el mandato no es imperativo, recordemos) durante cuatro años, anulando, por tanto, su teórica soberanía para ese tiempo marcado. Yo, que no les doy mi voto y por tanto me guardo mi soberanía para mi, no para ningún supuesto representante, tengo todo el derecho del mundo a seguir quejándome de la gestión de una gente a la que no he votado.
En cualquier caso, y yendo más allá, la queja es un ejercicio que todo el mundo es libre de hacer cuando quiera y hacia quien quiera, faltaría más.
Me aconsejan algunos que lo lógico, si no gusta ninguno de los candidatos, es votar en blanco, a lo que yo respondo que sí, que es cierto. Pero se presenta el problema de que los votos en blanco no se computan como tal y, por ello, podría darse el caso de que los partidos minoritarios se vieran perjudicados en su porcentaje, y no tengo el mínimo interés en favorecer a los dos grandes partidos, por tanto, mientras no cambie esto, prefiero abstenerme.
Si después de todo este espectáculo montado en el período de intensificación de la propaganda (porque campaña electoral hay, ha habido y habrá ad æternum y de forma ininterrumpida) no me ha convencido nadie, pues lo siento mucho, de veras. Pero es que si el debate más esperado de los últimos quince años en España fue aquello que se pudo ver el lunes pasado en el televisor (y que amenaza con volver esta noche), apaga y vámonos.
¿Argumentos para no votar? Más allá de los ideológicos, que son sencillos: no comparto las ideas de los partidos (de lo contrario militaría en ellos, seguramente), hay unos de carácter básico que pondré a continuación en unos cuantos enlaces, porque escribir más sería añadir blanco a lo blanco.
- Sobre la democracia actual, que publiqué aquí hace ya un tiempo.
- La farsa electoral, publicado en la bitácora de Jorge Verstrynge.
- ¿Votas o enriqueces? La financiación de los partidos políticos, de la bitácora Urioste.
- El voto inútil, publicado en la bitácora de Ciudadanos en Blanco.
- Abstención, publicado en El Emboscado.
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