Ruinas Humanas

“Puedo prometer ser sincero, pero no imparcial”

Archivos para Mayo, 2008

La canción de la semana: Slayer - Haunting the chapel

Publicado por Ruinas Humanas en 29 Mayo, 2008

Una de las canciones infravaloradas del grupo. Tiene ese toque de sonido sucio, del thrash a la vieja escuela que me encanta. Tercer tema del ep homónimo de 1984.

Letra:

The holy cross
Symbol of lies
Intimitade the lives
of Christian born
Speak of death
The words of hate
Anticipation grows amongst the dead
Hell has seen
The priests attempt
To bring forth their
lord of the cross
Strike of twelve
Raise the dead
The chapel comes under attack

The ghosts of sin
Torment the priests
Their altar will soon be destroyed
Heaven’s palace
Turning black
The church now belongs to the dead
Blackened magic
Infest with lust
Lucifer rules supreme
The crystal ball shows unknown fate
The last thing that’s
heard is the screams

Ghosts from hell invade
this feeble shrine
Heaven’s holy house will fall in time
Satan’s morbid soldiers chant in lust
Destruction of the church
we’ll burn the cross

Attacking angels as they pray to god
Tormented preachers hail
the twisted cross
Haunting the chapel
Hell’s demons prevail
Death has come
The house of god has failed

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“La perversión de los ideales 4″, por José Vidal-Beneyto

Publicado por Ruinas Humanas en 28 Mayo, 2008

Cuarta y última parte. Subrayados míos.

La perversión de los ideales / 4

Éstos son tiempos de confusión, de voracidad, de desvergüenza. En todos los ámbitos, muy en primer lugar en el político y en el económico. Sólo existe el que gana. De ahí que el casi siempre indecente emparejamiento de los más ricos con quien manda no perdona país. Los tenéis en Francia todos apiñados en torno de Sarkozy: Bolloré, Arnault, Lagardère, Pinault, Bouyghes. No falta nadie de los que cuentan en esta ceremonia del glamour y del dinero que a todos nos engorda, en esta celebración de esos microfascismos supervivientes que son la especulación y el beneficio. Un poco a trasmano quedan las desigualdades que matan: la falta de trabajo, la miseria, la cárcel, pero sobre todo, el hambre. Pero es inútil, nos dicen, plantearse problemas en política que no se pueden resolver, especialmente en democracia que es un régimen definitivamente modesto, pragmático, para el que lo bueno coincide siempre con lo posible. Este primado de la sola racionalidad de lo practicable, contrafigura heredada de los desperfectos causados por la radicalidad de los grandes planteamientos totalitarios de cualquier signo -fascismos y comunismos en particular- tenía que traducirse en un rechazo de las ideologías mayores que les sirvieron durante los últimos dos siglos de antecedente. Y lo han hecho por el procedimiento más indoloro: la dilución. Que ha producido ese pensamiento único en el que todos estamos y en el que nadie se reconoce. Un producto blando, informe, absolutamente maleable, que puede justificar cualquier cosa y borra las fronteras entre lo público y lo privado, el gobierno y los negocios. Entre los que se establece una rentable circulación, alimentada en España sobre todo por personalidades del PP como Rodrigo Rato, Manuel Pizarro, Eduardo Zaplana, sin olvidar a su fundador José María Aznar, hoy homme à tout faire del primer tycoon mundial de la información, Robert Murdoch.

En paralelo a esta popularización divulgadora discurren dos procesos de mucho mayor calado, uno desde la posición liberal y otro desde la socialista que intentan reforzar sus respectivas opciones incorporando los elementos más valiosos de la otra que consideran compatibles con su propia identidad. Comenzando con el liberalismo social que tiene su gran arranque en John Stuart Mill que con su propuesta de un New Liberalism no sólo libró a la corriente liberal de los excesos de un individualismo extremo y estéril, sino que dotó de nuevas bases a la economía política y con su obstinada insistencia en asociar la libertad a la igualdad, abrió el camino a una nueva práctica de la democracia. Pionero en muchas cosas, en lo político postuló la extensión del sufragio en todos los ámbitos e impulsó las libertades locales promoviendo el mayor autogobierno posible. Luego acompañado por su mujer, Harriet Taylor, pionera militante feminista, luchó por la igualdad política y civil de los dos sexos y se movilizó en favor del movimiento obrero defendiendo la autoeducación de los trabajadores y la sustitución de la empresa capitalista por la organización cooperativa. Distinguiendo entre producción de riquezas y su distribución proponía introducir la asociación de trabajadores libres en la segunda para, mediante las cooperativas de distribución, reducir las injusticias sociales iniciales derivadas de la producción.

Por lo demás sólo recurriendo a la instrucción universal, a una aceptada limitación de los nacimientos y a una creciente participación de todos en los beneficios, podemos acercarnos al autogobierno económico. Pero quizá la aportación más importante y actual de Mill es su impugnación del productivismo y de los desastres medioambientales que produce con la autolimitación que propone, en la tercera edición de sus Principios de Economía Política (1871), en su cuadro “del estado estacionario” y en la estabilización del capital y la riqueza. Propuesta que le enfrenta totalmente a Hayek y a los neoliberales al uso y lo acerca a las teorías del decrecimiento de Georgescu-Roegen y a las tesis del estacionarismo de Daly. Thomas Hill Green y Leonard T. Hobhouse son los dos grandes compañeros de viaje de Mill en su ruptura con el liberalismo clásico y su justificación de una limitada pero imprescindible intervención del Estado. Green desde su cátedra en Oxford, apoyado en el neohegelianismo lanzó el nuevo credo con el sujeto como una noción abierta y comunitaria y con la libertad positiva como aquella que nos permite hacer algo útil para y con los demás. Hobhouse primer catedrático de Sociología de Londres y editorialista de The Guardian nos ofrece un repertorio de las libertades esenciales -libertad civil, personal, familiar, política, local, internacional, etcétera- todas encardinadas en torno de la libertad social que no es la de un individuo frente a la de los demás sino la que se realiza con y a través de ellos. La libertad de uno, sólo se cumple con la de todos los otros. Estamos en el cogollo del liberalismo social.

JOSÉ VIDAL-BENEYTO 03/05/2008

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“La perversión de los ideales 3″, por José Vidal-Beneyto

Publicado por Ruinas Humanas en 27 Mayo, 2008

Aquí va la tercera parte (subrayados míos):

La perversión de los ideales / 3

La política se muere, los partidos exultan, la ideología se ahoga en la confusión, el poder es el objetivo único y sus aspirantes se multiplican e impacientan. Esa turbamulta de ambiciones y de urgencias cuyos objetivos colectivos son precarios e intercambiables tiene un solo polo de agregación: el éxito personal. Los principios y valores que son su razón de ser han perdido sus perfiles diferenciales y funcionan como pretextos, en algunos casos con voluntad de legitimación, de sus opciones y prácticas. Público y privado son espacios de interpenetración y convergencia igualmente aptos para la práctica del mando, en particular dentro de los partidos. De aquí que a sus puertas se agolpen todos aquellos que se sienten particularmente concernidos por esa actividad y que los partidos se hayan convertido en campos privilegiados de las luchas por la conquista del poder en la sociedad en su conjunto y dentro de los colectivos que cada uno de ellos forma.

Ciñéndonos a la inmediata actualidad, el Partido Popular español y la pugna entre Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy y sus contornos militantes más inmediatos, por no hablar de las rivalidades dentro de los nacionalismos catalán y vasco; o la desaforada carrera en pelo en el socialismo francés en el que la porfía Ségolène Royal / Bertrand Delanoë sigue estando acompañada por un nutrido escuadrón de barones de los que ninguno se quiere bajar del tren. Entre ellos destacan Dominique Strauss-Kahn, Laurent Fabius, Pierre Moscovici, Martine Aubry, Julien Dray, Vincent Peillon, sin olvidar la función de hermano mayor que sigue cumpliendo Lionel Jospin y los últimos reclutados Arnaud Montebourg y el catalán francés Manuel Valls. Brega que deja necesariamente cicatrices y que no puede abreviarse mediante una clarificación ideológica que ayude al posicionamiento y por ende a la agrupación de unos y de otros. Aunque tanto en el campo liberal como en el socialista se reclame un esclarecimiento programático que precise y redefina cuál es su marco doctrinal y cuáles sus fundamentos políticos básicos.

En el caso del Partido Popular español convendría confirmar si la decisión de José Maria Aznar de alinearlo frontalmente en el espacio de los neocons norteamericanos sigue vigente tanto respecto de la política internacional como en los temas de política social y de tratamiento de la naturaleza, o por el contrario las matizaciones en favor del liberalismo clásico de Rajoy, Camps, Arenas, etcétera, son hoy los dominantes. En cualquier caso, la existencia de una plataforma doctrinal tan potente como FAES debería ayudar a su partido a situarse con claridad en el nuevo liberalismo o en el integrismo neocon. El Partido Socialista francés se dotó el martes pasado de una nueva Declaración de Principios, que se someterá a debate y votación en la Convención Nacional del próximo 14 de junio y sustituirá a la que se aprobó en el año 1990. La declaración que revindica una economía social y ecológica de mercado; que se declara favorable a un modelo de desarrollo sostenible y se manifiesta comprometida con la salvaguardia del planeta; insiste en la obligación de promover un sector privado dinámico. Parece claro que la nueva opción del socialismo francés, como veremos después, se sitúa en la línea de lo que se ha calificado de socialismo liberal.

Clarificación especialmente importante en este momento en el que las dos grandes opciones político-ideológicas, el liberalismo y el socialismo que durante los siglos XIX y XX han señoreado la vida publica del mundo occidental, han perdido bastantes de sus características antagónicas y han ido acercando sus posiciones hasta constituir un continuum en diversos ámbitos.

Este proceso de aproximación doctrinal y de homogeneización en los planteamientos y soluciones es lo que ha generado el resultado que hoy se designa como pensamiento único. Pero más allá de la vaguedad y de la indefinición básica propia de esta designación, la interrelación entre liberalismo y socialismo puede ser objeto, tanto en su decurso histórico como en su aprehensión teórica, de una doble consideración, que parte en ambos casos del descrédito de las experiencias comunistas, en especial de la soviética. Sus dos grandes referentes, que constituyen los ejes centrales de la democracia radical, son la libertad y la igualdad. El tratamiento de su interacción y la secuencia de sus prioridades se traducen en las dos grandes variantes: el liberalismo social desde J. S. Mill pasando por Calogero hasta Monique Canto-Sperber, y el socialismo liberal con Rosselli, Bobbio, Lefort y Habermas.

JOSÉ VIDAL-BENEYTO 26/04/2008

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“La perversión de los ideales: Italia”, por José Vidal-Beneyto

Publicado por Ruinas Humanas en 26 Mayo, 2008

La segunda parte de esta serie de artículos la dedica al caso concreto (que no excepcional) italiano. Los subrayados son míos.

La perversión de los ideales: Italia.

Las últimas elecciones italianas y sus resultados ofrecen una ilustración paradigmática de la corrupción de la política democrática que he comenzado a comentar en esta columna. Corrupción que se delata en la malversación de los principios y en su pandemónium ideológico; en la mediocridad, a la par que en el envilecimiento de muchos de sus actores individuales (los políticos) y colectivos (los partidos); en el descrédito de la mayoría de sus prácticas; en la falsificación del lenguaje y de los signos; en la producción de una devastadora desigualdad entre personas y países.

La politización total de la acción pública coincide con el máximo desprestigio de la política.

El sábado, al presentar los ideales del liberalismo democrático, se insistió en que, más allá del mercado, su referente principal es el individuo y el marco jurídico que hace posible el pleno ejercicio de su libertad. Ese propósito encuentra su mejor cumplimiento en el ámbito de la sociedad civil, siempre amenazada por el Estado y las políticas gubernamentales, cuyo espacio hay que reducir a la mínima expresión.

Pues bien, Silvio Berlusconi, jefe de Gobierno en dos ocasiones anteriores, ganador absoluto de estos comicios y uno de los hombres más ricos de Italia, así como su coalición de fuerzas autodenominada Pueblo de la Libertad, al mismo tiempo que se proclaman liberales y demócratas se comportan como sus más acerbos antagonistas. Por de pronto, integran en su coalición la Alianza Nacional de Gianfranco Fini, heredera del fascismo italiano, que se honra con una nieta del duce y confía a una militante como la abogada Giulia Bongiorno, defensora de Giulio Andreotti en los dos juicios que se le hicieron por asociación mafiosa, la cartera de ministro de Justicia. Reservan después el Ministerio del Interior a Roberto Maroni, que es el número dos de la Liga del Norte, cuyo ultranacionalismo regional tiene en su presidente, Umberto Bossi, su portavoz más eficaz, que no se recata en decir que la medida más eficaz contra la inmigración ilegal son las ametralladoras, que Roma es una ladrona y que “la limpieza étnica debe comenzar por los maricones”. Gianni Letta, el brazo derecho de Berlusconi, vigilará desde la vicepresidencia, o una posición central análoga, que este imparable dispositivo no sólo controla la política, sino que ocupa todo el espacio de la sociedad. O, para decirlo con palabras de Franco Rositi, uno de los más agudos científicos sociales italianos, estas elecciones han servido para desmontar el Estado de derecho en Italia, condición necesaria para someterlo todo a la voluntad política del Gobierno, que es precisamente el antiideal liberal.

Esta politización total de la acción pública, extendida a todos los espacios societarios, coincide además con el máximo desprestigio de la política, como prueban el éxito de El Caimán, parodia burlesca que Nanni Moretti ha dedicado a Berlusconi, y la extraordinaria notoriedad e influencia del humorista político Beppe Grillo, cuyo blog, centrado en la crítica de la política, es uno de los más visitados del mundo y cuya convocatoria del V-Day, día de la vergüenza, movilizó a más de 20 millones de personas en 20 ciudades de Italia.

Cuando este extraordinario empresario reiteradamente procesado y en alguna ocasión condenado, cuya compatibilidad con la Mafia puso de relieve la sentencia a nueve años de su íntimo colaborador Cesare Previti y la de Dell’Utri, cofundador de Forza Italia, alcance su meta de conquistar la presidencia de la República se habrá quedado con el Estado italiano como antes se quedó con la televisión y habrá cerrado gloriosamente el ciclo de la absoluta privatización de la política, mediante la absoluta politización de lo privado.

Lo que es posible porque, como sostiene Guido Martinotti, a quien tanto debe la institucionalización de la sociología en Italia y en el mundo, la República (como Res Publica) ya no existe en su país. Con lo que sin el marco global republicano; sin la presencia parlamentaria de los partidos de la izquierda real, con el Arco Iris reducido a poco más del 3% desde el 10% anterior y con los socialistas de Boselli apenas llegando al 1%; con una estructura judicial frágil y politizada que la señora Bongiorno se encargará de tener a raya; con un empresariado dócil y ganado a la causa del capitalismo puro, al que, por boca de Giulio Tremonti, recién nombrado ministro de Economía, todos los males le vienen de la globalización y de mayo del 68; y con una esfera de la comunicación que sólo se mueve de su mano es evidente que toda oposición será casi imposible. Sólo quedarán por liquidar algunos núcleos intelectuales, pero la limpieza de personas y doctrinas ya está servida. Se anuncia en efecto la revisión en los textos escolares de la presentación de la lucha antifascista con el fin de acomodar su memoria histórica a los designios del poder político. Queridos Franco, Eva, Guido, Marino, ¿qué ha sucedido con nuestras esperanzas italianas?

JOSÉ VIDAL-BENEYTO 19/04/2008

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“La perversión de los ideales 1″, por José Vidal-Beneyto

Publicado por Ruinas Humanas en 22 Mayo, 2008

He encontrado una serie de cuatro artículos publicados por José Vidal-Beneyto en El País titulados La perversión de los ideales. Un título que me recordó (salvando las diferencias, por supuesto) a un texto que publiqué aquí hace un tiempo muy relacionado temáticamente. Naturalmente no los suscribo al cien por cien, pero mis discrepancias sólo se limitan a detalles, matices o palabras; en suma me parecen muy interesantes.

Lo pondré por partes tal como él hizo. Los subrayados son míos.

La perversión de los ideales / 1:

A los efectos de esta reflexión el ideal es un conjunto de principios, valores y propuestas a cuya realización aspiran los seres humanos en un ámbito determinado o en la totalidad de sus existencias. Las grandes formaciones políticas, los cuerpos doctrinales que las sustentan y los marcos referenciales que las enmarcan sufren transformaciones con el paso del tiempo, y, en ocasiones, desembocan en contrafiguras que pervierten sus valores iniciales y son una dramática caricatura de su versión inicial.

En su surgimiento, el liberalismo aparece como un movimiento de andadura rupturista.

Ese ha sido el destino de los principales movimientos políticos -liberalismo, socialismo, comunismo, anarquismo, conservadurismo y fascismo- a la par que de las fuerzas que los han apoyado, que durante los últimos dos siglos han ocupado, sin solución de continuidad, el espacio político.

De entre ellos, hoy, en la perspectiva democrática del mundo occidental, los más en pie son el liberalismo y las versiones atenuadas del socialismo, a las que conocemos como social-democráticas y, más conservadoramente, social-liberales.

En su surgimiento, el liberalismo aparece como un movimiento de andadura rupturista, en claro antagonismo con el Antiguo Régimen, en su doble dimensión política y religiosa, a las que se opone y que quiere sustituir. Su impugnación del absolutismo religioso y la batalla por la secularización, que entronca con el planteamiento básico de la ideología de la Ilustración, supone un enfrentamiento frontal con las posiciones de la Iglesia católica alineada con las opciones de la Monarquía y estrechamente asociada a las prácticas absolutistas del poder real.

La conjunción de estos dos absolutismos hace de la lucha liberal contra ellos uno de los primeros movimientos de liberación política en Europa occidental. El impulso hacia la democracia que lo subtiende, constituye, como señala Pierre Manent, en Histoire intellectuelle du libéralisme, Calmann-Levy 1987, una determinación democrática permanente que volveremos a encontrar en su acción contra los poderosos por herencia, la descalificación del Estado y su oposición a la dominación de las masas.

Esa pulsión inagotable acabará produciendo la convergencia de liberalismo y democracia en una de las figuras dominantes de la contemporaneidad política: el liberalismo democrático o demoliberalismo. Sus pilares fundamentales son los intereses y los individuos, o más precisamente los intereses individuales únicos capaces de organizar una comunidad libre y autónoma, susceptibles de cubrir sus necesidades naturales, sin que las opiniones ni las pasiones vengan a interferir en esa satisfacción, lo que es su primer derecho natural básico, al que nadie puede oponerse.

Matriz que se declina en tres grandes bloques: derecho a la vida y a la integridad física; derecho a la propiedad y al trabajo, que es el que nos asegura nuestra subsistencia, y derecho a la libertad y a la crítica, que son los que nos garantizan el poder elegir lo que más nos conviene. La organización y el poder político no tienen más razón de ser que la de afianzar y proteger esos derechos.

La conjunción entre fines del individuo y cumplimiento social se realiza en el intercambio de bienes y servicios cuya eficacia igualitaria reposa en la eliminación de grupos y clases dominantes hereditarias que falsean el intercambio y perpetúan la injusticia. El intercambio se opera en un espacio privilegiado de la sociedad, el mercado, que no necesita de ningún poder ni reglas ajenas a él, porque dispone de disposiciones reguladoras propias, las leyes del mercado que además están presididas por “una mano invisible” que opera por sí sola desde dentro, afianzando y preservando su articulación.

Los padres fundadores, John Locke, Adam Smith, Edmund Burke, Thomas Paine, François Guizot y Jean-Baptiste Say, y nuestros más próximos, Tocqueville, Stuart Mill, Von Mises, Von Hayek, Jouvenel y Aron han construido un impresionante corpus doctrinal que representa una muy digna propuesta filosófica y político-económica, que yo inevitablemente he trivializado y que el lamentable quehacer de los políticos y la voracidad del beneficio han transformado en un mundo de horrores.

Dany-Robert Dufour acaba de publicar -en Le divin marché. La révolution culturelle libérale- un inventario de los mismos en forma de mandamientos: “Sólo te dejarás guiar por tu egoísmo”, “Los otros sólo serán instrumentos para lograr tus objetivos”, “Combatirás todos los Estados y todos los gobiernos”, “Violarás las leyes sin que te condenen”, y así hasta diez.

Ilustrando la máxima de Mandeville, “los vicios privados son los que producen la riqueza pública” que reduce el ideal liberal a una abominable caricatura.

JOSÉ VIDAL-BENEYTO 12/04/2008

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La canción de la semana: Jesu - Stanlow

Publicado por Ruinas Humanas en 15 Mayo, 2008

Qué decir de este fabuloso grupo. Otro de esos pocos grupos cuya música es imposible de catalogar (la que suelen llamar ‘experimental‘). Hacen una música que, sin ser incoherente, resulta pesada y ligera, dura y suave, y si, como a mi, te gustan las canciones, de largas y lentas se te harán cortas y rápidas.

Pongo la última del grandioso disco Conqueror, bueno de principio a fin.

Letra:

All the ghosts that haunt us don’t scare
we\’re just too selfish to be that aware

Why believe yourself

Dull clouds line the pathways
to ugly skylines
rivers flow to grey buildings
sweet air bitter taste

Why believe yourself

Why…

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Mayo del 68: ¿revolución o “fiestuki”?

Publicado por Ruinas Humanas en 9 Mayo, 2008

Aprovechando al aniversario de los acontecimientos de aquel mayo de 1968 en Francia, me gustaría que se leyeran dos artículos que enfocan el tema desde una perspectiva crítica. ¿Fue el Mayo del 68 una verdadera subversión revolucionaria que pudo poner en jaque una de las más “avanzadas” sociedades del Primer Mundo; o fue, por el contrario, unas protestas estudiantiles convertidas en desfile y exposición de modas e idealismos sin mayor intención que el ser vistos?

La conclusión no se aleja de lo que siempre he pensado: el progresismo ha hecho más daño a lo que podía llamarse “verdadera izquierda” que la propia derecha. Quizás ya lo anticipó Lenin en su obra El izquierdismo: enfermedad infantil del comunismo. Por si alguien tiene dudas, que observe la situación y evolución de Izquierda Unida. Cuando yo lo hago, lo que veo es que forma parte de esa “izquierda” que basa su izquierdismo no en cambiar el modelo económico (nunca he visto una crítica hacia el sistema liberal o directamente al capitalismo), no en definir un modelo de Estado claro (da una imagen muy ambigua respecto a los nacionalismos, acorde con la de todos, que pactan y trapichean según conviene para llegar al poder), sino en defender cuestiones sociales o morales como la unión de homosexuales; en criticar a lo que ellos llaman “la derecha”: es decir, el P.P.; en un cierto seguidismo con el P.S.O.E., al que engloban, junto a ellos mismos, en “la izquierda”… El hecho de que engloben al P.S.O.E. en la izquierda creo que ya es una tara bastante considerable para cualquier izquierdista que vea en “los socialistas” no más que un grupo de liberales (en el aspecto más económico del término) o socioliberales (no creo que se les pueda llamar ni socialdemócratas; eso sí, “progresistas”).

El primer artículo es de Enrique Gil Calvo publicado e El País el 15 de mayo de 1994. Se titula:

Mayo de carnaval

Reconozcámoslo de una vez por todas: la comedia de Mayo del 68 no fue más que una mascarada de carnaval. El carácter de ritual puramente escenográfico de representación de pape.les ante la galería era transparente:. se sabía que se estaba haciendo comedia, que había que dramatizar, escandalosamente para épater le bourgeois, y que todo valía con tal de llamar la atención de la prensa, las cámaras audiovisuales y las estupefactas familias. De hecho, si el fascismo y el nazismo inventaron la política de la radio en los años treinta, Mayo del 68, al dramatizar ante, las cámaras el primer carnaval de la. aldea global, inventó la- videopolítica que hoy impera. De ahí la voluntad escandalosa y transgresora de los rituales que se escenificaban, pues se trataba de celebrar la subversión del vigente orden institucional. Y ello exigía representar a la manera carnavalesca la inversión de todos los, papeles, mediante la adopción de máscaras rituales que figuradamente los transgredían. Pero, como en el carnaval, la transgresión sólo fue ritual y simbólica, es decir, inofensiva y ficticia: pasó sin dejar rastro ni modificar el vigente orden social al que fingía desobedecer.

Todo carnaval es un ritual conservador del orden, a modo de vacuna que inmuniza contra desórdenes mayores, preparando al paciente pueblo para que acepte de buen grado las represiones de la cuaresma. Pues bien, eso fue Mayo del 68: el sucedáneo de transgresión que, ante la inminente cuaresma laboral, actuó de vacuna contra toda tentación revolucionaria..

Y es lógico que fuese así, dada la coyuntura cíclica en que se produjo. Tras toda una larga etapa de crecimiento económico y pleno empleo juvenil, Mayo del 68 supuso el rito de paso hacia la nueva cuaresma laboral de duro recorte salarial y creciente desempleo juvenil que habría, de instalarse a partir de, ahí. Por eso al igual que sucede con los carnavales (protagonizados por jóvenes, obligados ritualmente a desobedecer antes de pasar a someterse como adultos al orden institucional vigente), también Mayo del 68 representó la paradójica domesticación de toda una generación presuntamente rebelde que, tras celebrar durante un mes la mascarada de su revolución ficticia, corrió a integrarse como adulta en todas las instituciones, asumiendo de hecho la responsabilidad de gestionar y conservar intacto el orden capitalista.

En efecto, la generación europea que hoy ocupa el poder es la de Mayo del 68, que fue verbalmente revolucionaria en su juventud, pero que luego, tras integrarse como adulta se ha hecho conservadora del orden. Y, encima, esta generación pretende alardear de su pasado utopismo juvenil, creyéndose con derecho a dar lecciones de civismo y compromiso político a los incrédulos jóvenes actuales. ¿Qué es esto: desfachatez, hipocresía o cinismo? ¿Hay que reconocer, como hoy sostienen muchos jóvenes, que lo del 68 fue no sólo un fracaso completo, sino, lo que es peor, una impostora superchería?

Sin embargo, esta tesis del fracaso es todavía demasiado comprensiva o esperanzadora, pues, aunque alienta sentimientos de queja y frustración por las ilusiones traicionadas, también permite una traducción romántica, como es la derivada de la ambición esteticista que anima a los defensores de las buenas y bellas causas perdidas: la utopía de Mayo sería preciosa precisamente porque nunca pudo llegar a triunfar. Pues bien, contra esta versión edulcorada cabe proponer una visión más escéptica que, frente a la tesis del fracaso, acepte la hipótesis del éxito perverso (aunque sea como efecto secundario, subproducto colateral o consecuencia necesariamente imprevista). ¿Y si Mayo hubiera sido un carnaval no sólo simbólico, sino también real por sus consecuencias? Hagamos el ejercicio de considerar los, hechos como si el programa máximo del 68 se hubiera realizado: ¿acaso no puede imaginarse que los jóvenes actuales han terminado sin querer por hacer realidad los ideales de Mayo?

El movimiento estudiantil y contracultural de los sesenta rechazaba la enseñanza formal como canal meritocrático y elitista de integración ocupacional. Pues bien, hoy, en efecto, se ha masificado tanto la enseñanza superior y el acceso a la cultura formal que estos mecanismos han dejado de ser cauces meritocráticos de ascenso e integración social, perdiendo su anterior función selectiva: la cultura y la universidad ya no proporcionan una posición desde la que juzgar y evaluar la realidad social, pues sólo son redundantes recreos gratuitos con los que entretienen su ocio los jóvenes adultos, cívicamente menores de edad.. La consecuencia es que los jóvenes. actuales están mucho más escolarizados, pero eso no los ha hecho más ilustres, sino más lúcidos. Son escépticos y racionalistas en vez de ilusos o crédulos, y su calculador oportunismo les mueve a ser realistas y pedir lo imposible, pues de hecho, lo consiguen: rechazan el alienante trabajo porque pueden permitirse el lujo de vivir sin trabajar, como perfectos parásitos racionales (free riders) mantenidos a costa de la familia, que reivindican su derecho personal a. recibir todo a cambio de nada.

¿Puede concebirse mayor realización material de los ideales de, Mayo? De hecho, hoy los jóvenes ya sólo hacen el amor, y no la guerra. Se entregan a la promiscuidad genital considerando el sexo como un juego de niños sin consecuencias, completamente desvinculado de todo compromiso interpersonal y sin ninguna responsabilidad familiar. Y por lo que hace a su peculiar civismo, no parecen dispuestos a prestarse a ninguna obligación sin que medien claras contrapartidas inmediatas, y aun eso con displicente tacañería, pues se creen con derecho a ser desertores con soldada: reivindicando su sueldo gratuito como hijos de familia y participando sólo en lo que les venga en gana.

¿Cómo ha podido degenerar así el libertario ideal educativo asumido desde Mayo? Sin duda, no es responsabilidad de los jóvenes actuales, sino de sus padres: de aquellos protagonistas del 68 que lo llevaron a la práctica. Es aquí donde más debe discutirse la tesis del fracaso; pues si bien, desde luego, los sesentayocheros, al integrarse socialmente como adultos, no hicieron la revolución, sino que se dedicaron lucrativamente a conservar el orden vigente, lo cierto es que no por ello dejaron de obedecer en cierta medida al designio oculto de Mayo.

En efecto, de acuerdo al legado de la Ilustración, lo propio del movimiento contracultural de los sesenta fue el identificar las instituciones (el poder, el Estado, la religión, el derecho, la familia, la Academia, etcétera) con la causa misma de todos los males. Y, por tanto, su programa emancipatorio y liberador pasó por tratar de apoderarse de todas esas instituciones con el fin declarado de subvertirlas, e intentando al menos instrumentarlas, si es que no podían ser destruidas. Pues bien, eso fue lo que sucedió: la rebelión subversiva contra las instituciones fracaso, pero no por ello se detuvo la voluntad de instrumentarlas. una vez ocupadas y parasitadas. El resultado, fracasada la subversión, ha sido la perversión institucional: los sesentayocheros, instrunientalinente infiltrados en unas instituciones en las que no creían, se han dedicado sistemáticamente a expropiarlas y saquearlas, re-explotándolas en su propio interés.

Es el síndrome de Craxi, que ha extendido por doquier la corrupción generalizada. La generación entera de Mayo del 68, como para ser fiel a su transgresor origen carnavalesco, se ha dedicado a pervertir y corromper (con la coartada de querer transgredirlas y subvertirlas) todas las instituciones políticas, económicas y familiares que ha ido colonizando: los partidos políticos, las empresas públicas y privadas, hasta sus propias familias.

Pues, en efecto, la peor corrupción -generada por los carnavaleros del 68 ha sido la practicada con su propia descendencia, a la. que sobornan con permisividad corruptora para no tener que asumir ninguna responsabilidad educativa: y los hijos de Mayo del 68 sólo heredan de sus padres el ejemplo de la corrupción, dejándose sobornar sin excesivas protestas. Pero ¿quiénes son más corruptos, los jóvenes actuales que se dejan sobornar por sus mayores o los ex jóvenes transgresores del 68, que saquean todas las instituciones mientras fingen que las sirven y respetan?

Enrique Gil Calvo es profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

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El segundo artículo es de Antonio Pérez Henares y fue publicado ayer. Su título es:

Nostalgia, poca, del 68

El mayo del 68 cavó la tumba del marxismo y la izquierda comunista pero tan sólo la cambió por un spot.

Sobre la tumba de aquella izquierda revolucionaria europea, del comunismo cayeron mas tarde los cascotes del muro de Berlín , pero eras las consignas publicitarias de París las que habían cavado ya el hoyo.

La vieja izquierda, hegemónica tras la guerra mundial, patrocinada por la URSS, estaba ya herida de muerte por el totalitarismo, el estalinismo, la burocracia y la negación de la libertad, pero aún faltaban dos décadas para que el cadáver se desplomara.

Los rojos fueron sustituidos por los progres. La idea de revolución por el movimiento ONG. O sea, la justicia por la caridad. Solidaridad, para que suene mejor y no huela a monja. Eso si todo en el discurso hermoso, en la incontestable declamación de paz, de los derechos y de acabar con el hambre del mundo. El discurso hippy de ayer, el discurso del buenismo de hoy

Rojo y progre no son en absoluto cosa igual. Tal vez ni parecida, e incluso puede que contradictoria, pero se quedan con su mito y su leyenda sin tener que asumir errores, crímenes ni miserias

Los ultraizquierdistas universitarios–hijos en su mayoría de la burguesía acomodada-gritaban que los comunistas habían traicionado a la clase obrera y se habían vendido al capitalismo
Ahora son todos asesores del Eliseo, de Moncloa, del FMI . Algunos esbozan minifilosofías de andar por las casas de la derecha liberal o de la socialdemocracia.

Tanto el progre del 68 y el del tercer milenio supieron adaptarse mucho mejor al “medio”. Fueron y son maravillosos publicitarios. Eso es lo que queda de aquello. “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. “Queremos el mundo y lo queremos ahora”.”Prohibido prohibir””La imaginación al poder”. Eso , y lo mejor, “Hagamos el amor y no la guerra” (Vietnam nos dolía a todos). Aquello , la revolución sexual, y el movimiento de liberación de la mujer que tomo entonces carta de naturaleza fue lo más verdadero y perdurable de aquellos días.

Los jóvenes españoles que entonces velábamos nuestras primeras armas contra la dictadura, generalmente en filas del Partido, o sea del PCE, alucinábamos en colores. Los franceses nos querían hacer trotskistas. Nosotros lo que queríamos era acabar con la dictadura. En España no era mayo. En España la policía “suicidaba” a la gente (Enrique Ruano) y un puñado muy activo lograba la hegemonía en la Universidad (concierto Raimon) y enlazaba con un incipiente movimiento obrero (CC.OO.) de nuevo cuño y creciente actividad. Pero si, también teníamos utopía y canciones. No era poco. No es poco incluso hoy en día.

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El Mayo quedo para la imagen como cosa de jóvenes en barricadas de adoquines. Pero la verdad es que quien puso contra las cuerdas a De Gaulle fueron los obreros del entonces cinturón rojo que ocuparon las fábricas y convirtieron la Renault en un efímero bastión revolucionario. Acabaron pactando el plato de lentejas. Al mes Francia votó a la derecha.

De los obreros ya no hay memoria histórica que valga. Estaban cavando su propia tumba. Lo que quedó en la retina fue el spot de quienes en realidad les estaban enterrando.

El mayo mató a la izquierda totalitaria y estalinista-aunque sus mitos eran Mao y el Che Guevara y los puristas ponían Albania como ejemplo a seguir- pero no alumbro sobre las ruinas del marxismo ningún cuerpo de doctrina global, ninguna utopía. Unos vestidos de flores, una canciones y unas pegatinas quedan muy bien para las hemerotecas pero no tardaron en ser prontamente integrados por la dinámica de mercado y capital.
Hoy seguimos viviendo en aquello. En pequeños átomos, sin respuesta total al sistema. ONG, ecologismo, feminismo y la dávida rebautizada como “solidaridad”.
El progre es el heredero natural del “ultraizquierdista” del mayo. El joven burgués pagado de sus presuntos, converso a “fés” tan absolutas como efímeras que riñe a los materialistas obreros. Pero ¿que es el progre? ¿Qué cuestiona de fondo y de principio?. ¿El sistema capitalista?. No. ¿La propiedad privada?. Menos. El control publico, nacionalización de las fuentes primarias de riqueza. De esos en Occidente nadie quiere ni oir hablar.

Entonces ¿cuál es su propuesta?. Pues casi ninguna, excepto la de la imagen. Hay respuestas parciales. Envoltorios. Pero a día de hoy a Marx no le ha sustituido nadie con una visión global del mundo y una propuesta , una alternativa, de cambio universal.
A falta de ello seguimos en el mayo francés: un buen spot. Fueron maravillosos convirtiéndose en un anuncio publicitario. ZP es en este sentido su mejor discípulo y quizas ya el único heredero en todo el viejo continente.

P.D. Y dicho todo esto. Queda una nostalgia. Quizás la mas sentida, a que negarlo, sea la de la propia juventud huida pero vivida. Pero tal vez haya algo más. Toda aquella generación, o lo que fue en ella hegemónico y perdurable , tenía utopía, tenía música, tenía una canción. Quizás porque las tuvo y esta carece de ellas es por lo que sus viejos mitos siguen siendo hoy los únicos vigentes y sus músicas las que perduran.
Contradictorias con su propios mitos en ocasiones. En la senda misma de la integración casi antes de empezar a andar. pero , que diablos, al menos quería andar y soñaba con un mundo diferente..
Hoy no falta quien lo sueñen. Pero ¿son los hegemónicos en el pensamiento y espejos de nuestra sociedad ?. O estos lo son quienes tienen en la marca de ropa la seña de identidad, en la liga de fútbol su nivel de felicidad o frustración, en la telebasura y el glamour de los objetos-mujeres sus espejos yen el botellón una filosofía de vida.

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La canción de la semana: Agalloch - Falling snow

Publicado por Ruinas Humanas en 8 Mayo, 2008

Agalloch es uno de esos grupos a los que la gente no sabe cómo etiquetar, discuten y se pelean por demostrar que es de tal o cual género. Lo importante es que Agalloch es un grupo extraordinario y que, por tanto, no obedece a las cerradas clasificaciones que algunos tienen en su mente. En cada disco se pueden apreciar influencias de diversos estilos. Aquí dejo una canción de las más “movidas”, también tienen otras más tranquilas e igual de buenas. Segundo tema del disco Ashes against the Grain de 2006.

Letra:

The water pours its embracing arms around the stone
Decay drips from the unquiet void
where the ice forms, where life ends
The stone is by the crimson flood, swallowed
The red tide beyond the ebon wound, contorted
My sacrifice bids farewell in this river of memory… a wave to end all time

Red birds escape from my wounds and return as falling snow
To sweep the landscape; a wind haunted, wings without bodies

The snow, the bitter snowfall
You wish to die in her pale arms, crystalline,
to become an ode to silence
In the soul of a mountain of birds, fallen

The cascading pallor of ghostless feather

The snow has fallen and raised this white mountain on which you will die
and fade away in silence.

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En referéndum no se aprueba… se aprobará en los despachos

Publicado por Ruinas Humanas en 4 Mayo, 2008

No sorprende ni es inesperado, al fin y al cabo es su especialidad. Se quiere dirigir la Unión Europea hacia un determinado modelo… ¿que la gente dice que no?, no pasa nada, se aprueba luego entre los señores parlamentarios y ya está. Consultar a la gente es algo simbólico, para demostrar lo demócratas que somos (sobre todo si dicen lo que queremos que digan).

Pero el problema no es esto, esto es un consecuencia de algo inmediatamente anterior: AL PUEBLO LE DA IGUAL. Sí, así es, le da igual. Lo lee (lo cual ya es mucho), quizás se irrite, despotrique contra aquellos que mandan, pero… ¿algo más? Por supuesto, luego irá y les volverá a votar. ¿Quién se quejó por Kósovo? Cuatro gatos; ¿quién se queja por esto? Cuatro gatos. Así es y así será en esta la, inexplicablemente, ilustrada y avanzada civilización en la que vivimos. Cada día tiene más peso aquella cita de Paul Valèry que decía que la política es el arte de impedir que las gentes se metan en lo que les importa.

Es lo que he visto y veo. Como los pesimistas dicen, yo soy realista.

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