Fahrenheit 451 (temperatura a la que arde el papel)
Publicado por Ruinas Humanas en 29 Noviembre, 2008
Esta vez no podré decir eso de “me gustó más la novela”, pues no la conocía hasta que di con ésta película de François Truffaut de 1966, basada en la obra homónima de Ray Bradbury.
Fahrenheit 451 narra una distopía en cuya sociedad los libros, como representantes del conocimiento y del pensamiento, están prohibidos. Su terreno ha sido absorbido por el entretenimiento que los avances audiovisuales aportan, como la televisión, que mantiene a todos, con su único canal y su único programa: La familia, atentos e “informados”. La aportación que estos avances otorgan es intrascendente, inútil, y una absoluta apología de la ignorancia y la incultura (aquí es cuando la ciencia ficción parece perder esa dosis de ficción que se supone que tiene).
- ¡Mira, los bomberos! Va a haber un incendio.
El protagonista, un agente del cuerpo de bomberos que, como bien dice ese niño en la película, crean los incendios en vez de apagarlos, es un responsable trabajador al servicio de la búsqueda y posterior quema de libros, cuyos poseedores se afanan por esconder en sus casas. Su obediencia y dedicación cotidiana comienzan a cambiar cuando conoce a una vecina maestra de escuela que se atreve a quebrantar la ley. A raíz de una conversación coloquial con ella comenzará a sentir la necesidad de aprender, de conocer aquello que el ser humano ha dejado escrito.
- Tener hijos es una irresponsabilidad.
Su mujer descubre el secreto, y a ella, felizmente adaptada a esa no-vida cuya única preocupación es matar el tiempo (como se puede ver en la conversación que mantiene con sus “amigas” mientras ven la televisión, donde comentan lo irresponsable que es tener hijos, algo también que nos hace colocar la interrogación en la palabra ‘ficción’) o cambiar los muebles de la casa, no le hace ninguna gracia… El bombero se ve obligado a elegir entre dos mujeres y dos filosofías opuestas.
La gente hace uso habitual de píldoras para modificar el estado de su vitalidad: estimulantes, pastillas para dormir, envalentonarse… (otra vez ¿ficción?).
- Si nadie lee, todos seremos iguales.
La justificación a esta prohibición radica en la igualdad, igualdad en la estupidez, pues nadie sabrá más que nadie, todos sabrán igual de poco. El conocimiento hace a las personas antisociales (sobre todo en un mundo sin conocimiento).
El final, sin duda, es lo mejor de la película, que no voy a contar aquí para no fastidiar a nadie que le interese verla. Pero he de decir que es un final que arregla la lentitud con la que comienza la cinta y cuya conclusión, espero, nos haga pensar cada vez que nos sentamos a hacer zapping o alguna otra actividad tan productiva de las que hacemos actualmente.
En la película aparecen multitud de autores y obras. Como curiosidad, la primera que puede verse es El Quijote de Cervantes, y mientras el capitán de los bomberos justifica su importante trabajo diciendo que hay que quemar todos los libros, sujeta en su mano un ejemplar de Mi lucha de Hitler (paradójico, ¿no?).
Me permito citar una crítica de la película en FilmAffinity:
* El cine al servicio de la lectura: grandísima película para fomentarla.
Ya solo por esto recomendaría esta película. No solo es un muy buen film que espolea al espectador a aficionarse al séptimo arte, sino que genera unas desesperadas ansias de abismarse en el que yo considero quizá el primer arte, el mundo de los libros, la lectura, la literatura… Por otra parte es interesante el hecho de que uno de los mayores exponentes de la Nouvelle Vague francesa, Truffaut, abordara una película que, independientemente de su trasfondo y su claro componente discursivo, no deja de ser una obra de ciencia ficción. “Fahrenheit 451” toca temas culturales, psicológicos y sociales, que me llevan a una relectura constante de lo que veo para considerarlo a la luz de claves actuales.* Básicamente, se defiende la lectura contra un mundo despersonalizado, donde la cultura “borreguil” campa a sus anchas, y donde se persigue cualquier atisbo de independencia de criterio que pudiese desestabilizar esa sociedad de teórica máxima igualdad. Toda esa frialdad y automatismo que se cree poder erradicar a través de la lectura, del culto al libro, es extrapolable a nuestros días, donde parece que solo en la expresión artística, en cualquiera de sus formas, se encierra la esencia de la espiritualidad humana, de lo que nos hace personas. Así planteada, la película es exacerbadamente romántica –chapó, tratándose de una obra de ciencia ficción- en su defensa de la literatura y la lectura en general, en su defensa de aquella como verdadero lenguaje del alma humana, con unos planteamientos casi fanáticos y religiosos en su exposición de esas “personas-libro”, acercándonos al ideario romántico y de la Sturm und Drang, a Hamann, Herder, o Rousseau.
* En “Fahrenheit 451” son las ideas las que protagonizan la narración. Y en cuanto a las ideas, me parece genial como se confrontan dos discursos:
el de la defensa de la lectura y el de su vituperio. Los argumentos de ambas partes están lanzados al aire con saña, teniendo dos partes que argumentan sin confrontación, sin redargüir: no hay contraargumentación, la cual en ambos casos debe partir del espectador. Obliga al espectador a elaborar su propia reflexión a la luz de las manifestaciones que surcan el film, y lo impulsan a reformar el discurso de los defensores del libro para despojarlo de las claves meramente emocionales, que en la película pueden ser un escollo ante la practicidad de la otra parte. Pero claro, las soflamas cifradas emocionalmente siempre calan más hondo que las materialistas, de modo que “los buenos ganan por trece narices”… hasta tienen los mejores mártires por la causa.irian hallstatt






































fermion_7 escribió
mi extracto-crítica de un libro, Faranheit 451, que narra una triste-pero-cierta historia
No pienses, joderías tu felicidad
———————————
“Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de estado o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientan abrumados pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como la Filosofía o la Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trate de medir , calibrar y sopesar el universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario. Lo sé, lo he intentado. ¡Al diablo con ello! Así pues, adelante con los clubs y las fiestas, los acróbatas y los presdigitadores, los coches a reacción, las bicicletas, helicópteros, el sexo y las drogas, más de todo lo que esté relacionado con los reflejos automáticos. Si el drama es malo, si la película no dice nada, si la comedia carece de sentido, dame una inyección de teramina. Me parecerá que reacciono con la obra, cuando sólo se trata de una reacción táctil a las vibraciones. Pero no me importa. Prefiero un entretenimiento completo.”
Fahrenheit 451 nos habla de un mundo donde leer está prohibido para evitar que nadie se haga preguntas que puedan dinamitar su “felicidad basada en la ingenuidad”.
Lo más terrible de todo es saber que Radbury escribió este libro como reacción a la vergonzosa “caza de brujas” liderada por el patético senador McArthy en plena Guerra Fría, donde cientos de miles de libros fueron acusados (y luego quemados) de simpatizar con la ideología comunista.
Lo más terrible es cuando la realidad supera, con creces, la ficción.
Ruinas Humanas escribió
Gran resumen del espíritu de esta obra, Fermion_7. Resaltar lo que dices de que, como también apunto en mi crítica, es totalmente prescindible la palabra ‘ficción’ en todo esto, tanto mirando a casos puntuales o pasados como el que mencionas, como observando simplemente la sociedad actual.
Muchas gracias por tu aporte.
alexis escribió
te robé tu articulo sobre esclavismo en china. respecto de este, es delicado el tema, zamiatin en “nosotros” lo resume mejor desde mi punto de vista, bradbury me parecio siempre un pirado autoritario, porque el tipo no habla como escribe, te recomiendo darte una vuelta por alguna entrevista que le hayan hecho, es un tipo qu te desconcierta cuando lees una entrevista, es hiper patriota, bien yanki. y nada, te repito creo que como obra distopica llego tarde y re atras, de bradbury prefiero el vino del estio o las cronicas, y cmo distopia, mequedo con zamiatin, el padre de todas, o con huxley. aunque orwell no esta mal.
Ruinas Humanas escribió
He leído la matización al artículo de China que has hecho en tu página y estoy de acuerdo. Es más, me he planteado el borrar dicha noticia de mi web, pues los periódicos bienpensantes ya sabemos cómo actúan y qué criterios usan para sus noticias. ¿Acaso no podría llamarse esclavitud al trabajo asalariado en todo el mundo desarrollado?, ¿a las innumerables deudas que muchos han de afrontar para tener lo indispensable? Además, creo que me estoy volviendo paranoico, pero no me fío mucho… Si el tema no fuera tan serio, diría que es un montaje, fíjate en la foto: todos mirando al mismo lugar, con gesto risueño, menos uno que muestra su mal estado… Ya te digo, quizás es paranoia mía, pero no sería la primera vez que se demuestra algo así.
Respecto a Bradbury, como dije en la entrada, no he leído la novela, pero tengo la intención de hacerlo, como tantas otras obras que me gustaría leer para las cuales no encuentro tiempo. Pero buscaré alguna entrevista, sí.
Añado “Nosotros” de Zamiatin a la lista… Gracias por tu comentario.