La calidad de esta película hace que tenga que dejar algo escrito.
Me ha parecido una película buenísima, una obra maestra de hacer cine. Con una corta duración y una trama sencilla, ha conseguido absorberme desde el principio hasta el final. De las pocas películas que hacen que en ningún momento mire en el dvd cuánto tiempo lleva o le queda, pues la calidad hace que no pienses en ello.
Doce hombres, componentes de un jurado popular de Estados Unidos, han de deliberar en una sala el veredicto que transmitirán al juez sobre un acusado de homicidio. De resultar culpable, sería condenado a pena de muerte. Al comenzar, todos creen que es culpable… menos uno. Creo que no es necesario decir más.
Últimamente he podido disfrutar de buenas películas antiguas, por ejemplo:
Ultimátum a la Tierra (The day the Earth stood still), de la que parece ser van a hacer un remake (confirmando la sequía de ideas en Hollywood); Solo ante el peligro (High noon), cuyo nombre en España desvela un importante detalle de la película… algo habitual; El increíble hombre menguante (The incredible shrinking man)… todas de la década de los ‘50.
Digo esto porque cada vez entiendo menos que mucha gente se niegue a ver películas antiguas e incluso se sorprenda de que ahora puedan interesar. Como se demuestra en la película, los prejuicios tienen mucho poder.
Simplemente quería dejar constancia escrita de que me ha parecido una gran película (no solo por su duración, sino por su calidad y su inesperado, sorprendente y aplastante mensaje final).
La vida de unos jóvenes tripulantes y sus oficiales en uno de los célebres u-boots alemanes en plena Segunda Guerra Mundial, de principio a fin. Una de las películas alemanas más aclamadas que recomiendo a todos.
Pongo para los que les interese este documental para el cual la palabra más apropiada que puedo dedicarle es: interesante. Esta poca efusividad (a pesar de la grata sensación que produce ver este tipo de documentales, por originales, por trascendentes, por “subversivos” y porque pueden hacer despertar en la gente un espíritu crítico y escéptico y una inquietud por el cómo y el porqué de todo) se debe simplemente a que hay muchos datos que se deberían (como todo escéptico que se precie ha de hacer) revisar, buscando fuentes que los verifiquen antes de creerlos sin más.
La primera parte es una teoría que habla del origen astronómico de las religiones (centrándose en el cristianismo) y de su uso y difusión por los poderes terrenales. Ciertamente original.
La segunda y más larga habla sobre la ya conocida trama misteriosa de los atentados del 11 de septiembre. Tantas y tantas cuestiones que hacen dudar de la versión oficial se revisan una vez más aquí, así como los posibles antecedentes de cómo preparar una intervención bélica en la historia reciente de los Estados Unidos (se les olvidó mencionar al Maine).
La tercera y va sobre el origen y el poder del sistema financiero y la banca y otras cuestiones como la supuesta intención de unir Norteamérica. Me ha parecido muy relevante el tema del dinero por su evidente actualidad en el mundo, pues es el dinero quien más poder tiene, quien decide quién come y quién no, y por tanto es muy probable que quienes controlen su suministro tengan, oficial u oficiosamente, mucho que decir en el orden mundial.
Es una pena que muchos se nieguen a ver películas antiguas (quién sabe porqué, pero sí, lo hacen), pues se pierden obras maestras como esta película de más de dos horas de 1975. Encargada por la productora estatal soviética al conocido director japonés Akira Kurosawa, creador también de otras películas como Los siete samuráis, Ran o Barbarroja. Basada en las vivencias (que podemos adquirir por escrito) del explorador ruso Arséniev, que conoció a un cazador nómada de la lejana Siberia oriental durante una de sus misiones.
Es una oda a la vida arcaica, austera, honesta y respetuosa con la naturaleza. Dersu Uzala es un ejemplo claro de lo que llamaban “el buen salvaje“. Sentado en mi silla mientras escribo esto, tengo la hipocresía de decir que siempre he sentido atracción por la naturaleza libre, aquella desde la cual no se divisa rastro de urbanidad. Es por ello que esta película me ha gustado y sabía que me iba a gustar.
Es un cuento hecho cine, donde el ritmo y el tiempo lo marcan las cuatro estaciones, sirviendo de bandeja a los distintos “episodios” en los que se podría dividir la película. Un monje budista y su aprendiz viven en un pequeño monasterio en una balsa cuadrada en mitad de un lago, alejados de toda muestra de urbanidad y gente. A lo largo de su vida, el discípulo, mientras va creciendo, recibe las lecciones de su maestro, que envejece (nunca se me olvidará la reacción del niño cuando recibe la primera).
Mejor verla cuando no tienes la cabeza con líos y preocupaciones (es decir, en ocasiones contadas), pues es una película con un ritmo lento y sumamente relajado (sosa, la llaman otros). Buena fotografía, pues no podría ser de otra manera con el bonito paisaje donde se desarrolla. El director tuvo que esperar seis meses para que el Ministerio de Medio Ambiente le permitiera rodar en ese lugar de árboles centenarios (es el lago Jusan, en North Kyungsang Province, Corea). Lo que más sorprende es que con tanta escasez de diálogos la película consiga ser tan expresiva.
“Intenté retratar la alegría, la cólera, el dolor y el placer de nuestras vidas a través de cuatro estaciones y de la vida de un monje que vive en un templo, sobre la charca Jusan, rodeado únicamente de árboles y montañas: los cambios que se producen en los seres humanos, el significado de la madurez en nuestras vidas y cómo se produce ese crecimiento, la crueldad de la inocencia, la obsesión por los deseos, el dolor causado por nuestras crueles intenciones y la emancipación a través de luchas” (Kim Ki-duk).
Esta película me sorprendió puesto que esperaba bastante menos. Al fin y al cabo, ¿qué se puede esperar de una película de producción estadounidense sobre algo caído en desgracia tras la industrialización y la imposición del modo de vida occidental? Pues no pensaba que fuera a dar algo más que algunas dosis de moralina y autocomplacencia bajo la dialéctica de buenos (los yanquis o los “occidentales”, por extensión) y malos (los salvajes incivilizados), de lo que tantas muestras hemos tenido ya.
Pero no, a pesar de fallos que toda película puede tener, es bastante respetuosa con los samuráis. En ella, un curtido capitán que ha participado en la conquista del Oeste, acepta marchar al Japón de la era Meiji para ayudar a sofocar a los samuráis de Katsumoto, rebelados contra el emperador, que pretende modernizar el país al estilo occidental. Pero el capitán, desencantado ya del rumbo que ha tomado su país, encuentra en sus nuevos enemigos de encargo lo que él echa de menos: el valor, el honor y la honestidad. Ello le hará cambiar de bando para luchar, esta vez no por dinero, sino por lo que siente.
Aquella época terminó prácticamente con la tradición samurái, cuyo código principal, el bushidō, recomiendo leer.
Earthlings (Terrícolas) es un documental sobre la dependencia que tiene la humanidad respecto a los animales. Alimento, ropa, entretenimiento e investigación científica. Muestra de forma explícita la cara oculta de todo esto.
Es un excelente documental que relaciona la naturaleza, los animales y la humanidad. Nos muestra la total dependencia que el hombre tiene de los animales (para su uso como mascotas, comida, entretenimiento, vestuario e investigaciones científicas) acentuando la total falta de respeto de algunos para con lo que ellos llaman “recursos naturales”.
En una investigación que demoró 5 años, se grabó con cámaras ocultas la realidad de tiendas de mascotas, criaderos de animales, refugios, granjas industriales, mataderos, el comercio de pieles y cuero, deportes, entretenimientos e investigación científica. En la hora y media que dura el documental, nos muestran cuán lejos llega el maltrato que el hombre da a todo tipo de animales para satisfacer sus necesidades económicas. El documental está narrado por Joaquin Phoenix y la música está hecha por Moby. Escrito y dirigido por Shaun Monson, en el año 2005 Earthlings fue premiado como el “Mejor Documental” en el Festival de Cine Artivist, “Mejor Contenido” en el Festival Internacional de Cine de Boston, “Mejor Documental” y “Premio Humanitario” para Joaquin Phoenix en el Festival de Cine de San Diego. Earthlings nos permite abrir los ojos a la realidad, instándonos a dejar de hacerse el tonto para ser capaces de asumir nuestra total responsabilidad en la situación cruel e injusta en que miles de millones de animales viven y mueren a diario en el mundo. Porque TODOS SOMOS RESPONSABLES.
Es un tema necesario por su escaso interés en los debates habituales.
Mi opinión es que los humanos hemos llegado a un punto en que consideramos (y además nos lo creemos) que el mundo está a nuestra disposición, de modo que explotamos desmedidamente sus recursos (incluídos los animales). Variamos cursos de ríos, volamos montañas, usamos a los animales… El ser un animal racional debería ayudarnos a pensar sobre la licitud de todo eso. Muchas veces pienso en esa arrogancia del humano, y si el hecho de tener un perro en tu casa y sacarlo con una correa puesta al cuello es muestra de ello. ¿Nos gustan los animales?; perfecto, pero no pueden ser nunca un capricho, no podemos criarlos como producción en serie de chocolatinas para nuestro disfrute, y mostrarlos en un escaparate como si de joyas a elegir se tratara. …¿O sí podemos? En cualquier caso, se debe pensar sobre ello, pues la gente tiene asumido que tenemos derecho a criarlos en lugares cerrados, restringirles la libertad de movimiento, darles la comida cuando y como queremos, de modo que luego podamos disfrutar de su carne o de su compañía como elemento lúdico-afectivo.
Sobre el maltrato… qué decir… Obviamente los que los maltratan lo hacen sabiendo que están seguros, sabiendo que no se pueden defender. Eso se llama crueldad y cobardía. No es comparable a lo que hacen los demás animales, que matan por instinto de comida, y lo hacen lo más rápido posible. Nosotros, que tenemos capacidad para distinguir lo bueno de lo malo, por muy subjetivo que sea, lo hacemos porque nos da la real gana.
Siempre me pregunto cómo algo creado por el hombre, y con un valor artificial, puede estar por encima de todo lo demás. En realidad es el humano el que ha organizado su vida de modo que lo ha puesto (al dinero) por encima de todo… Error, por tanto y como siempre, nuestro. Otra cuestión que quizás trate más adelante es la del especismo del que hablan en el documental o los derechos de los animales, el veganismo, etc.
Un vídeo, a fin de cuentas, angustioso. Y por muy hipócrita que pueda sonar, me parece tremenda la crueldad de los trabajadores de los mataderos y demás, al menos los que se muestran en el vídeo. Tremendo.
Me callo ya, pues en este caso más que nunca, una imagen vale más que mil palabras:
Mad Max es una trilogía protagonizada por un joven Mel Gibson que transcurre en un escenario postapocalíptico. Las tres son del mismo director: George Miller.
Sin duda, la mejor de las tres es la primera (Los salvajes de la autopista), de 1979, una especie de western futurista en el que Max es un policía encargado de vigilar la autopista con su mítico coche, el Interceptor (un Ford Falcon Coupé XB GT), por ser esta vital para el abastecimiento de la ciudad (recordemos que es un escenario post-nuclear). Pero cuando su familia se convierta en la nueva víctima de los salvajes de la autopista, ‘Mad’ Max decide que se acabó la vigilancia, y comienza la venganza.
Las dos siguientes, a mi gusto, no dejan de ser mera secuelas con el propósito de aprovechar el tirón de la primera para sacar algo más de beneficios (como suele ser habitual en las secuelas).
En la segunda (El guerrero de la carretera), de 1981, Max sigue en su interminable travesía motorizada por el desierto, como un lobo estepario. Su siguiente reto será ayudar a una colonia a librarse de la constante amenaza de los salvajes, que quieren robar la gasolina que guardan, pues es un bien totalmente escaso y, por tanto, preciado.
La tercera (Más allá de la cúpula del trueno), de 1985, ahonda aún más en el aspecto mísero en que ha quedado el mundo. Max, agotado, llega a un poblado de niños primitivos que le proponen un trato: devolverle los camellos con los que viajaba a cambio de que Max ataque a un tirano que produce gas metano con excrementos de cerdo en una ciudad subterránea. Para mi, la peor y menos creíble de las tres.
En fin, recomiendo al menos ver la primera, original y sumamente entretenida.
Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados.
En la película, un personaje con una vida un tanto patética, llamado Jack, conoce a Tyler Durden, vendedor de jabones. A partir de ahí, éste le irá introduciendo, mediante la creación de un secreto club de lucha, en una nueva vida basada en una filosofía anticonsumista y casi misántropa.
Al principio, como suele pasar en este tipo de películas, no tuvo mucha repercusión en taquilla, pero con el paso de los años se fue convirtiendo en una película de culto para muchos, seguramente por su mensaje transgresor y el aura violenta y desgraciada que rodea toda la fotografía de la película. Sin olvidar lo básico: entretiene.
Extraordinario lo que le ha ocurrido al polaco Jan Grzebski, antiguo empleado de ferrocarril que en un accidente laboral cayó en coma. 19 años después, ha despertado.
Hace cuatro años esto habría sido la mejor publicidad para la película alemana Good Bye, Lenin!, en la cual una idealista mujer (en clave socialista) de la Alemania oriental queda en coma, despertando (y en esto la realidad ha superado a la ficción con unos cuantos años de diferencia) una vez derrumbado el muro de Berlín e instaurado, por tanto, el modelo capitalista liberal. Sus hijos, para librarle de un seguro disgusto que podría provocarle una recaída dado su delicado estado de salud, hacen de su casa un enclave de la Alemania socialista en la Alemania unida capitalista.
La comedia y el drama familiar se mezclan en esta original película que, aun teniendo poco fondo político, algunos la han criticado de propaganda comunista (¿?). Sin embargo, la única crítica que puede percibirse (o que yo percibí personalmente) hacia el sistema actual es la nostalgia con la que se reproducen las vivencias de la época pasada, con un bloque soviético en plena Perestroika (o transición del capitalismo de Estado al capitalismo de mercado, para entendernos).
Más bien, diría que la imagen que se obtiene sería algo así como esta de aquí abajo, la cual no deja de ser una crítica a ambos lados (pulsar encima para verla agrandada):